18 mayo, 2021

La dictadura es un complejo de sistemas

Henry A. Petrie

En política, desconocer a qué o a quién se adversa; descuidar su nodo estratégico; no ubicar con exactitud sus ramificaciones orgánicas y operacionales; subestimar sus capacidades y potenciales, es exponerse a señuelos y hologramas, a acciones divisorias y neutralizantes. Bajo estas circunstancias, el fracaso de cualquier emprendimiento político está asegurado.

Se enfrenta a una dictadura, no a un hombre, a una pareja o a una familia. La dictadura orteguista es un complejo de sistemas de poder articulados. Reconocer esto es básico, para calibrar expectativas y dimensionar en su justa medida el desafío.

La familia Ortega Murillo es el primer núcleo de poder, con ascendencia en determinados campos de acción. Sus máximos exponentes: el patriarca-caudillo: símbolo inmaculado del FSLN, y la matriarca-controladora: impostura del amor y la espiritualidad. Pero, ningún elemento de la familia asegura la continuidad del poder, que empieza por erigirse en líder cohesionador del partido, incluida la matriarca.

Dicho complejo dictatorial es extractor de riquezas y funciona para someter a la sociedad nicaragüense, implementando diversos métodos que van, desde los blandos hasta los violentos.

De su matriz estratégica se desprenden tres importantes afluentes: el populismo, la manipulación de símbolos religiosos y el desarrollo capitalista nacional, en alianza con el gran capital, cuyo propósito ulterior es la creación de una nueva oligarquía. Esta, en tanto expresión «socialista», estaría llamada a desplazar la estructura económica tradicional, pero con la misma esencia del capital.

Los diversos sistemas que hacen a la dictadura orteguista, se han tragado la institucionalidad de Nicaragua. Ortega, desde el primer momento de su nuevo ascenso al poder (2007), controlado por Rosario Murillo, se dedicó a la construcción de un modelo político que se correspondiera con sus aspiraciones absolutistas. El carnaval y la mascarada, el colorido festivo y las plegarias cotidianas, brindarían un efecto holográfico de bendiciones y prosperidad.

El juego de la pluralidad política aseguraría, desde la matriz estratégica, no el desarrollo y consolidación de la democracia, tampoco de la instauración del partido único tradicional, sino la entronización de un poder omnímodo que trasciende partido e ideología, con un ídolo creador, respaldado por diversos sistemas, fuerzas y mecanismos de Estado y de movilización social.

Los partidos políticos que en su momento entraron en alianza con el FSLN, más útiles por sus siglas que por votos cautivos, fue la expresión de una oferta atractiva que los implicó en un sistema prebendario y cómplice, sin ceder cuotas de poder significativas. Se trató de otro holograma que jugó al mercadeo de intereses.

La dictadura, entonces, se ha servido de la política criolla. Sin estancarse, ha dividido y captado elementos representativos (transfuguismo político), porque su lucha no es ideológica, sino por la concentración de poder en supuesta representación del pueblo, de los trabajadores y campesinos. De ahí que los sindicatos y las organizaciones sociales bajo su influencia y control, tengan funciones específicas en este sentido.

Pero no bastaba lo anterior, hubo necesidad de capturar y subordinar a los poderes del Estado, cada uno por separado y a la vez, articulados en la matriz estratégica. La infestación es total en las instituciones judicial y electoral; en las instituciones gubernamentales, si bien están minadas, existen numerosos empleados que serán la base del rescate de sus verdaderas funciones, libres de exigencias partidarias. La correlación de fuerzas en el legislativo (diputaciones), siempre será relativa y circunstancial a cada sufragio; no así en sus áreas administrativas y de apoyo parlamentario, totalmente copadas por el orteguismo.

Entonces, no bastará con sacar al dictador de su trono, tampoco a los magistrados en cada poder y a los principales funcionarios de los ministerios; la operación debe ser quirúrgica, inteligente y paciente para sanear dichas instituciones, rescatando el espíritu y la letra de la ley.

Otros sistemas de poder que hacen la dictadura, son los altos mandos del Ejército de Nicaragua y la oficialidad más cercana; por el lado de la Policía Nacional, toda su jefatura, su escalón de mando nacional y direcciones. En los dos últimos años, ha quedado demostrada la obediencia ‒hasta vergonzosa‒ de estos señores al caudillo partidario, con quien comparten vínculos históricos y cuasi familiares. Aquí, el pacto de sangre es tan férreo como aquél establecido, entre 1967 y 1974, por insurgentes en prisión. La limpieza de estas instancias comprometidas con la dictadura y muy implicadas con sus crímenes de lesa humanidad, debe ser contundente.

El conjunto de empresarios orteguistas, cuyo agrupamiento inició en 1990, más la dirigencia aristocrática sindical, testaferros y extractores de recursos naturales, se han constituido en la nueva oligarquía de Nicaragua, que en un tiempo actuó armoniosa con la oligarquía tradicional. Es un complejo dentro de otro. Además de amasar riquezas propias, sirve por gratitud a los intereses del nodo dictador. Es una base importante para echar andar proyectos estratégicos.

¿Cuál es el objetivo supremo de una dictadura? El poder absoluto, prescindiendo del ordenamiento jurídico de la sociedad. La concentración de poderes del Estado y el amarre de las fuerzas armadas es sustancial para cumplir con este propósito. Una dictadura necesita dominar, controlarlo todo, por esta razón crea los sistemas, organismos y mecanismos que se lo garanticen. Es importante tener muy en cuenta, que esta generación de jóvenes, el pueblo todo, se enfrenta a una dictadura más orgánica, estructurada, expansiva y poderosa que la somocista. Su capacidad de alcance es superior, favorecida por el crecimiento del Estado.

Dicho lo anterior, es importante identificar tres fuerzas organizadas y financiadas desde el nodo de poder de la dictadura, que actúan en la línea de «golpear, penetrar y contener» en cualquier dirección que se les ordene. Debo recordar que, la decencia, la honestidad y la ética, no son cualidades de quienes no entienden la política como oportunidad de servicio público, sino de enriquecimiento ilícito.

Las fuerzas de choque son extensiones represivas de la dictadura; ya las hemos visto actuando. Sirven para contener, disuadir y disolver manifestaciones inconformes o de protesta social. Están integradas por orteguistas fanáticos y virulentos, de alguna forma recompensados por su labor.

Los comandos (o kaibiles), integrados por fieles con preparación en inteligencia militar y operaciones especiales, incluida la droga. La mayoría de sus acciones, cuando son del conocimiento público, se anuncia como delincuenciales. Ejemplo: asesinatos a líderes campesinos en el centro y norte del país. También fue una acción comando el asesinato de Carlos Guadamuz Portillo (2004). Y la gran incógnita: ¿fue realmente suicidio el de Alexis Argüello (2009)?

Los enclaves territoriales (o colonos) son agrupaciones destinadas a territorios de las comunidades indígenas en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, articuladas con los extractores de recursos para el cumplimiento de sus propósitos económicos, apoyados por el Ejército de Nicaragua. Los territorios afectados cuentan con abundantes recursos naturales. Mayagnas y miskitus han sido víctimas de sus invasiones y acciones bélicas. Dentro de este mismo concepto, se han activado a grupos «Toma tierras» para castigar o dañar a empresarios y productores rebeldes. No son expresiones espontáneas. Así como las fuerzas de choque y los comandos, son sistemas operacionales con misiones diferenciadas.

Ningún secreto estoy revelando, tampoco lo invento. Sencillamente es un recorrido necesario, para reafirmar que acabar con la dictadura no es solo expulsar del asiento presidencial al dictador, a su consorte y camarilla más inmediata, puesto que estamos ante un complejo de sistemas que, a la fecha de hoy, han garantizado el funcionamiento y expansión de su poder, que debe ser combatido y erradicado, con particular énfasis en sus expresiones corruptas y criminales. La estrategia y el programa a implementar, debe contar con respaldo internacional integral y decidido. La acción primaria y determinante es el sufragio, para lo cual, la oposición tendrá que prepararse y organizarse lo mejor que pueda.

El triunfo electoral apenas será el principio de una larga lucha por delante, aún más compleja que la anterior. La oposición tendrá que sacudirse el sectarismo, visión inmediatista y su mercantilismo. En el trayecto, habrá nuevos conflictos que se deberán enfrentar con sensatez y madurez política. El germen divisor siempre estará latente, el orteguismo no habrá acabado y continuará actuando. Pero no solo, el egoísmo y la tendencia fraccionaria, es un enemigo interno más peligro que el externo. El camino hacia una nueva democracia, más allá de la pluralidad de partidos políticos y del sufragio, no será fácil. De ahí, pues, la necesaria emersión de un liderazgo policéntrico que garantice unidad y acción.

Managua, 9 de abril de 2020.

Henry Petrie

El Círculo | ¿Por qué El Círculo? Porque representa la sabiduría infinita, el espíritu de la vida en movimiento constante e interacción creativa.

Ver todas las entradas de Henry Petrie →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!