13 junio, 2021

¿Estamos en tránsito hacia la militarización sanitaria en Nicaragua?

Fotografía tomada de Confidencial / NM

Oscar-René Vargas

Todo indica que el régimen Ortega-Murillo, después de negar la existencia del coronavirus, va a declarar una cuarentena sanitaria y aprovechar para decidir una intervención del ejército.

Los sectores sociales más vulnerables no tienen colchón económico ni social para vivir una cuarentena sanitaria. Lo más probable es que pasen a ser personas a vivir en condiciones de extrema pobreza o miserables, con el peligro que se produzca protestas sociales en diferentes ciudades del país.

El régimen puede recurrir al ejército en el caso de que se rompan las frágiles cadenas de la cohesión de la sociedad.

Pienso que el régimen desea que se presente una condición de calamidad sanitaria para solicitar a los organismos financieros internacionales ayuda económico para hacerle frente a la pandemia. Dinero que sería utilizado por el régimen para sobrevivir la profundización de la recesión económica.

Es decir, el régimen va a querer utilizar las condiciones sanitarias paupérrimas de los sectores más vulnerable para tratar de conseguir dinero.

El régimen, también, puede aprovechar la pandemia para legalizar el estado de sitio de facto e imponer el régimen de excepción, con los militares en las calles de las principales ciudades.

¿La pandemia del coronavirus asestará el último clavo al féretro de la dictadura Ortega-Murillo?

La estupidez y el poder

El ejercicio del poder requiere sabiduría, abundante racionalidad, dominio de los peores instintos y reflexión suficiente para no caer en la tentación autoritaria.

En la etapa de auge de su ejercicio, el poder autoritario luce interminable. Ya en el ocaso, el poder se va evaporando lentamente, escapa de las manos de quien lo ha ejercido y florecen las estupideces del poder autoritario.

Poco a poco, el régimen se va quedando solo. La sinrazón suplanta el buen juicio y la lógica desaparece. El dictador sabe que al salir del poder será un pez sin agua, un pez a punto de ser pescado. Sabe que se está quedando solo. Entonces, comienza a cometer muchas estupideces y la sinrazón se hace evidente.

Analizando la marcha del sábado pasado (14 marzo 2020) contra el coronavirus promocionada por el régimen, la mayoría de las personas la han calificado como una solemne estupidez por exponer a muchas personas a contagiarse con dicha enfermedad.

Uno de los misterios más insondables de la mente humana es la estupidez. Todos podemos actuar estúpidamente, en algún momento de nuestra vida, pero uno de sus rasgos más graves reside en el empecinamiento; el estúpido no da su brazo a torcer con facilidad, si lo hiciera dejaría de serlo. La estupidez puede ser constitutiva, o, dicho en términos clínicos, incurable. La víctima central de la estupidez es la verdad.

La vanidad es el abono de los estúpidos, que tienen la perturbadora inclinación a dar por estúpidos a los demás. Los estúpidos pueden ser muy listos, incluso inteligentes. La estupidez es un estado, no una condición. Convengamos en que no es una falta de la inteligencia, sino su fracaso. La estupidez puede suplantar a la inteligencia, parecer eficiente sin serlo a la larga.

Las declaraciones de la vocería del régimen son aterradoramente fértiles para generar una estupidez contagiosa, pandémica o colectiva. Igual ocurre con las supersticiones: prevalecen, no importa si los hechos las contradicen una y otra vez. El poder autoritario suele actuar como si fuese una droga, los envuelve una nebulosa, dejan de percibir la realidad.

Los componentes básicos de la estupidez son la proclividad al insulto, la denigración del otro y la crueldad. La realidad siempre termina derrotando a los estúpidos.

Las mentiras y las estupideces no son una salida a los problemas, son más bien una forma sinuosa de entrar en la senda del ocaso del poder. Ortega-Murillo ya no son los poderosos de antes, se han convertido en prisioneros de las estupideces y las mentiras. Ironías y burlas de la historia.

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