18 mayo, 2021

Epidemias que soslayamos y cifras que nos ponen a pensar

Foto de OPS / NM

Arnulfo Urrutia

Ahora mueren más personas por obesidad, que por hambre. Mueren más personas por accidentes de tráfico que por guerras. Mueren más por suicidios que por homicidios.

Esas cifras nos indican que el ser humano es cada vez menos violento y más racional. Da la impresión de que transitamos un siglo 21 con los mejores indicadores de toda la existencia del ser humano.

Mi vecino, a quien le hacía este comentario, reaccionó de inmediato y me dijo:

  1. Según datos de Unicef, diariamente mueren 8,500 niños por desnutrición. Muchas más que las que han muerto por el Coronavirus en varios meses.
  2. 3 millones de niños menores de 15 años mueren anualmente por enfermedades prevenibles.
  3. El mercado de alimentos para perros y gatos, ronda la suma de 80 mil millones de dólares anuales.
  4. El gasto militar anual de los Estados Unidos de Norteamérica (US$685 mil millones) es equivalente a la suma del PIB de 52 años de Nicaragua.

Luego agregó:

Si tomamos el monto del consumo total de alimentos para esas mascotas y lo dividimos entre (8,500 x 365) que son las muertes anuales por desnutrición, a cada niño le corresponderían 25 dólares diarios. Lo suficiente para alimentarlo a él y toda su familia.

Y, si dividiéramos el gasto militar de USA (685 mil millones) entre los 6.3 millones que mueren a causa de enfermedades prevenibles, a cada paciente correspondería más de cien mil dólares anuales. Lo suficiente para curarse y construir un futuro promisorio.

¿Es racional todo esto? ¿Te das cuenta del conflicto ético con el que convive la sociedad moderna? ¿Por qué soslayamos esas otras epidemias?

−Ahora bien, añadió−. Mencionar estos conflictos no es sinónimo de angustia existencial. Puede que en determinado momento al detallarlos se filtre un poco de nuestra impaciencia o inconformidad. Pero siempre hay que tener presente que son las contradicciones las que impulsan los cambios sociales.

Es saludable comparar el presente con el pasado, para ver qué tanto hemos avanzado en mejorar la calidad de nuestras vidas. También analizar los conflictos, nos puede dar una idea de qué ajustes son necesarios para el futuro del desarrollo social de un país o del mundo.

No se trata de encontrar verdades absolutas. Tampoco, recetar arrepentimientos espirituales por ser tan “pecadores”. No. Se trata de informarnos, tomar conciencia, intercambiar puntos de vista y actuar en consecuencia.

Es de suponer que un afgano, francés, colombiano, español, mexicano u otra nacionalidad, podrá, desde su perspectiva, tener apreciaciones diferentes a las nuestras.

−Abrumado ante aquel torrente de argumentaciones, le dije−:

Todos vemos la “realidad” según la perspectiva de nuestro balcón.

¡Exacto! Eso es lo que quise decir… Nos vemos, que voy rápido.

Arnulfo Urrutia

Perspectivas desde mi balcón | Después de conversar en la esquina, en el negocio, en la oficina, donde haya interlocutores, Arnulfo Urrutia se va a su balcón y desde ahí elabora sus ideas positivas y recomienda reconstruir sus pensamientos para luego compartirlos.

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