13 junio, 2021

¿Sobrevivirá el orteguismo sin Ortega?

Fotografía tomada de Niú / NM

Oscar René-Vargas

Análisis, última entrega

Vivimos una crisis sistémica, es decir, una alteración de un sistema socioeconómico que se creyó permanente. La crisis no es solamente del régimen, aunque esté inmerso en ella. La crisis es nacional. Nos abarca y pone en riesgo a todos. Es la crisis de un sistema político y económico que no podía resistir más y de ahí que se produjera la rebelión de abril 2018.

Actualmente, en la sociedad nicaragüense coexisten dos tendencias: conservación/restauración o “status quo” con o sin Ortega en el poder, y renovación/innovación o cambio sin Ortega en el poder.

Las elites económicas y políticas, también, están divididas, los partidos políticos tradicionales fueron desplazados y las fuerzas/movimientos sociales están controlados, aunque en efervescencia.

Coalición: ¿partido o movimiento?

En ese contexto surge entonces un movimiento multiforme que aglutina agravios y personal político proveniente de todos los agrupamientos desarticulados para conformar la Coalición Nacional. La Coalición Nacional no es partido ni movimiento. En ciernes podría ser un partido.

Estamos frente a un movimiento pendular y contradictorio cuya actualidad política ha sido consecuencia de dos constataciones. Por un lado, el creciente desprestigio de los partidos tradicionales, los que conciben como zancudos y que no representan los intereses de los ciudadanos. Por otro lado, el partido de gobierno que ha perdido legitimidad y base social.

¿Cómo terminará este conflicto?

Todo conflicto sociopolítico termina siempre en una negociación. Hay negociaciones abiertas, otras se producen tras bastidores. La historia política de Nicaragua nos enseña que el método preferido por la clase dominante ha sido el de negociar tras bambalinas. Tenemos que estar claros que la rebelión de abril 2018 es estratégicamente acéfala, no hay una dirección política unificada lo que permite negociaciones debajo de la mesa sin tomar en cuenta las demandas de la gran mayoría de la población.

Todas las declaraciones de los representantes políticos del gran capital (COSEP, AMCHAM, FUNIDES), algunos estudiantes, dirigentes campesinos y de ciudadanos autoconvocados, nos indican que nos dirigimos hacia un proceso electoral como método para salir de la crisis actual.

Un deseo de cambio

Pero no se puede perder de vista que una cosa es que se vaya Ortega y otra cosa es que se vaya el “orteguismo” del poder. También, se tiene que tener la conciencia que entre 2007 y 2018, el gran capital y el régimen Ortega-Murillo han actuado como las dos caras de una misma moneda.

¿Puede sobrevivir el “orteguismo sin Ortega”? El mayor deseo de la población es, sin duda, un deseo de cambio. No hay la menor duda de que Nicaragua se encamina hacia un cambio político, ¿irreversible?, no lo sabemos. El “orteguismo” sabe que no puede repetir, de la misma forma, su alianza con el gran capital, para perpetuarse en el poder, pero quiere un nuevo pacto con los grandes empresarios.

Un juramento no respaldado por la historia

El gran capital jura que no pactarán con Ortega-Murillo, eso está por verse, no hay ninguna garantía que no suceda. Hay que tener en cuenta que los grandes empresarios tienen mucho dinero, pero poco conocimiento político estratégico de mediano o largo plazo. Por tal motivo, Ortega-Murillo piensan que pueden tener una recuperación o “rebound”.

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