9 mayo, 2021

Minucioso análisis, en partes, de Oscar René Vargas: Nicaragua se encamina a profundizar su cuarta revolución

Manifestación masiva del 23 de abril, de la UCA a la Upoli. Frank Cortez / NM

Nuevas Miradas

Un extenso y completo informe sobre los antecedentes y ruptura histórica de la rebelión azul y blanco de abril de 2018, ofrece el sociólogo y escritor Oscar René Vargas, el cual presentaremos en partes, por su extensión.

Al final de las entregas, Nuevas Miradas subirá el documento completo para quienes llevan un registro histórico de lo que ha sucedido en Nicaragua en los últimos dos años y que, según Vargas, es un hecho sólo antecedido por la Independencia de 1821, la revolución liberal y la revolución de 1979.

El informe de 96 páginas, expone las perspectivas críticas del país para el 2020 y los escenarios para una salida a la crisis.

Balance político, económico y social de Nicaragua 2018-2019

Oscar-René Vargas

A estas alturas de mi vida he aprendido (más bien me han enseñado los golpes, mis exilios, la lucha contra las dos dictaduras) a no creer en las casualidades.

He escrito este análisis con el objetivo de proporcionar una reflexión sobre los acontecimientos acaecidos entre abril de 2018 a diciembre de 2019.

Quienes lean este escrito no necesariamente estarán de acuerdo con todas mis opiniones, pero sería un éxito si induce a la meditación/cavilación sobre la situación del país.

Este ensayo comprende tres partes. La primera parte consiste en un análisis sobre cómo nos encontramos 22 meses después de abril 2018. Para eso analizamos el comportamiento de los poderes fácticos internos y el accionar de los poderes fácticos externos.

La segunda parte analizamos 34 variables económicas, sociales, ambientales, políticas, etcétera. Variables que nos permita visualizar el año 2020, sus retos y perspectivas.

La tercera parte consiste es visualizar hacia dónde nos quieren llevar los actores internos y externos, los contextos posibles de salida a la crisis, analizando las posibilidades reales de cada uno de los escenarios analizados.

Hay que tener presente que la victoria política de ningún modo es el fruto sazonado de la “madurez” de los actores. La victoria es una tarea estratégica.

Estamos en el umbral de la cuarta transformación en el transcurso de cerca de dos siglos de vida independiente: La independencia política de septiembre 1821, la revolución liberal de julio 1893, la revolución de julio 1979 y la rebelión cívica de abril 2018.

Lo que pasa en la política y en la economía de nuestro país no puede seguir siendo igual a lo sucedido en décadas pasadas, plagadas de injusticias, opacidad, inmunidad y corrupción.

En la vida de los nicaragüenses vendrán cambios. Son cambios evidentes y están en sus inicios. Ya están llamando a la puerta. El pueblo no es tonto.

El gobierno Ortega-Murillo se transformado en un factor de inestabilidad para la región centroamericana. Cada día el gobierno tiene menos credibilidad internacional. Sufre un deterioro evidente.

Vivimos el final de la dictadura bicéfala. Del otoño hemos aprendido que, aunque las hojas caigan, el árbol sigue en pie.

 Abril 2018: 20 meses después

(Primera parte)

Introducción

El movimiento de abril fue estimulado por represión gubernamental. La represión contra los estudiantes fue como haber rociado con gasolina a un clima social y político ya de por sí encendido con las protestas de los jóvenes por la indiferencia del incendio de la Reserva Natural de Indio Maíz.

En los círculos políticos nadie duda de que la represión incrementó la rebelión estudiantil. Muchos políticos expresan que: si los grupos de choques no hubieran golpeados a los miembros de la tercera edad en la ciudad de León y a los protestantes del Camino de Oriente en la ciudad de Managua, quizás el movimiento no se hubiera extendidos con la misma fuerza que sucedió.

Las siguientes semanas y meses han sido clave para el futuro político de la “heredera” deslenguada y tentada por la política. Sus declaraciones cotidianas sorprenden por su locuacidad y contundencia, impropias de su cargo. Las declaraciones de la “heredera” fueron como una bomba que alimentó la protesta y que a partir de la primera semana se ensancharon.

Las protestas se desencadenaron tras las muertes de los primeros estudiantes. Las evidencias de los ataques policiales, turbas y grupos de choques dejó al descubierto la mano gubernamental.

La información periodística y las redes sociales mostraron la complicidad de la policía con las turbas afines al gobierno que actuaban con la complicidad policial y con total impunidad. En los mentideros políticos de la capital queda escaso lugar a dudas de que la “heredera” se lanzó sin red al ordenar la represión estudiantil con la consigna “vamos con todo”, creyendo que esa acción iba a apaciguar la protesta social de los estudiantes y al mismo tiempo se llevó por delante la poca credibilidad de la institución policial.

Inmediatamente después de los sucesos de abril, muchas personas manifestaron la opinión que el régimen Ortega-Murillo no es en absoluto el gobierno que puede permanecer en el poder. Cada vez más ciudadanos están convencidos de la necesidad de buscar vías de desarrollo nuevas y democráticas. Pero la reacción del grupo en el poder fue ciega y muy dura. De esa forma, se hizo evidente el carácter represivo del régimen y sobre la falta de libertad que debíamos soportar.

Antes de abril 2018 había un fuerte autoritarismo en prácticamente en todas las esferas de la vida pública, lo que llevó a los estudiantes a manifestarse para exigir libertades civiles. Al cuestionar el modelo autoritario los jóvenes conformaron de manera espontánea un movimiento pacífico, formado en su gran mayoría por personas sin ninguna militancia política previa que ha sido reprimido militarmente, pero no vencido políticamente.

Tomar las calles y manifestarse por más libertades democráticas no solo fue solamente un acto de rebeldía, sino una forma de romper las inercias de un modelo político que oprimía la capacidad de las personas para repensar la sociedad nicaragüense. Ortega padece de una creciente paranoia que exhibe al denunciar a los estudiantes, a los ciudadanos y a los obispos, que son parte de una conspiración en su contra a través de un “golpe de estado”.

Los ataques contra los autoconvocados y a los medios independientes ya no son novedosos. El movimiento de abril 2018 ha iniciado un proceso donde han ocurrido cosas importantes, un movimiento en lucha en el que se ha aprendido un montón, donde como mujeres jóvenes crecieron en la militancia de la lucha.

Ha sido un movimiento donde la participación de las mujeres ha sido fundamental. El movimiento de abril trascendió porque en él surgieron demandas en pro de las libertades democráticas frente a un régimen autoritario. Aunque las demandas democráticas no eran la demanda inicial y central del movimiento estudiantil en su inicio, éstas surgieron durante las movilizaciones.

En todo movimiento social hay una demanda inicial/central, pero en el trascurso del movimiento surgen otras que le dan “cobertura” a la exigencia inicial.

En el movimiento de abril fueron surgiendo la demanda de libertades democráticas. Estas libertades se refieren a que todo hombre y mujer deben poder elegir el partido político que prefiera, la ideología, la religión y la sexualidad que deseen. Todo ello ha estado restringido por el régimen Ortega-Murillo.

El movimiento de abril representa la gran indignación social contra las políticas represivas del régimen. No sé a dónde irá, es un mensaje de hastío, del hartazgo y del cansancio en la forma de conducir la vida pública, política y económica del país.

El movimiento de abril fue un punto de partida en la vida social y política del país. Las banderas izadas por los estudiantes eran políticas, no defendían intereses particulares, ni de contenido económico o distributivo. Resumían anhelos de libertad, elementales derechos cívicos y un firme reclamo al gobierno y al Estado de que respetara los derechos humanos.

El movimiento de abril ha sido una proeza mayor, al volverse nueva conciencia del país real, a partir de la cual es posible conjugar: la tragedia y la crueldad, el momento festivo y lúdico, el respeto a la deliberación colectiva, la solidaridad compartida, el reconocimiento racional y emocionado de unos líderes que no se sometían a las abusivas decisiones del poder.

Todo ello ha hecho del movimiento de abril un orgullo portador de la gran promesa de una mutación civilizadora de la sociedad y del Estado. Que el cumplimiento de la Constitución Política tuviera que ser exigido por un movimiento social tachado de “golpista”, puso al descubierto toda la mentira ideológica en la que vive el régimen.

El movimiento social exige el cumplimiento y reivindica la Constitución Política porque en el país existe un divorcio entre el discurso y la realidad de las leyes. Las marchas en diferentes ciudades demostraron también la incapacidad del gobierno Ortega-Murillo para entender que está surgiendo otra nueva mayoría que refleja una presencia cada vez más protagónica en la sociedad.

Tampoco les funciona el oído; se alejaron de todas las demandas de la población en la calle. Están atrapados en sus propios anuncios mientras que la inestabilidad afecta a la gente.

El país se ha militarizado para intentar frenar las protestas. Al movimiento de abril se le puede ver como un parteaguas en la lucha contra la dictadura, pero, a la vez, como una consumación de movilizaciones y confrontaciones sociales que se dieron entre el 2007 y 2017.

Recordemos la lucha del movimiento campesinos, mineros, trabajadores de la zona franca, mujeres, ambientalistas, estudiantes, personas de la tercera edad, etcétera. La respuesta que dio el gobierno fue responder al reclamo social con fuerza policial y cárcel.

El 19 de abril la señora Murillo transmitió, a los secretarios políticos de las diferentes dependencias del Estado, la orden “vamos con todo” o sea reprimir las protestas a sangre y fuego, con todas las armas disponibles y de la manera más dura posible.

A la concreta la orden era “todo está permitido”. Para el dúo Ortega-Murillo la disciplina y la obediencia son lo primero, los cuadros tienen que creer que el mando superior sabe lo que hace, siempre lo sabe.

No te apures, si Murillo dio la orden que “vamos con todo”, es porque tiene razones para hacerlo. Era una orientación de palabras, no de soluciones a un problema sociopolítico.

La orden comunicada por Fidel Moreno, Gustavo Porras y Lumberto Campbell fue acompañada con la frase: “métanse esto en la cabeza de una puta vez; ustedes no piensan, ustedes actúan, solo ejecutan; ustedes no deciden, solo cumplen; ustedes serán las manos y la voz del presidente Ortega”.

Para terminar con la frase: “La compañera siempre tiene la razón, y si no entienden, no importa, tienen que obedecer sin discusión”.

La reunión del Parque japonés significó, si acaso, un grito en la oscuridad de la historia. Lo peor de las agresiones a la condición humana es la humillación, porque desarma al individuo, agrede lo esencial de su dignidad. En esa reunión se constató que el pueblo había dejado de creer en el régimen autoritario, entonces, se impuso la necesidad de hacerlas creer por la fuerza.

Con la orden “vamos con todo”, el sepulturero de la revolución de 1979 terminó de hundirse en la historia y su existencia en el poder ha dejado de ser útil para los principales poderes fácticos.

Hasta el 19 de abril, el gobierno Ortega-Murillo había logrado disfrazarse de benefactores, de mesías, de elegidos por Dios, de hijos de la necesidad histórica y de la dialéctica insoslayable de la vida. Sin embargo, la represión desatada produjo una herida física y política en la sociedad que no ha terminado de cerrarse.

La guerra a muerte no era solamente contra los autoconvocados, sino contra la historia. Murillo quería aniquilar a los que habían salido a las calles. Pretendía acallar a todos los que habían decidido protestar contra todas las medidas adoptadas por el régimen autoritario.

Lo que logró, desde la perspectiva histórica, es hundirse. La ola de terror desatada contra los campesinos dueños de tierra, contra los estudiantes universitarios y contra la población en general alcanzó unos niveles de insania que parecía que el dúo estaba dispuesto a devorar un país que vivía postrado por el miedo y la práctica de la delación.

La voluntad de sofocar la protesta pacífica los llevó a cometer asesinatos fríos y premeditados de estudiantes, de ciudadanos autoconvocados cuyo único cargo fue pensar y, si acaso, decir que Ortega-Murillo no era la mejor opción para el país.

Entre 2007 y 2017, se dieron movimientos de ruptura, tanto en el orden intelectual como social, que señalan que algo se estaba desplazando en la sociedad, sin previo aviso, las protestas campesinas y el reclamo juvenil devinieron ser una llama para la conciencia cívica que rechazaba el autoritarismo, la corrupción y la impunidad, que se daban por inconmovibles en la política criolla.

Estas exigencias tenían un indudable carácter político elemental, tenía implicaciones transformadoras del orden político vigente. Sobre la marcha se configuró una organización de autoconvocados. Universitarios prácticamente de todos los centros de estudios y buena parte de ciudadanos del país, amplios grupos sociales, clases medias mejor educadas, profesionales, encarnaron el reclamo, un reclamo unánime de legalidad y modernidad democrática.

En realidad, el país experimentó una auténtica revuelta democrática, no hubo grupo social escapara al movimiento de abril. Estoy convencido de que, sin la insurgencia del movimiento campesino, más de cien marchas, contra la concesión canalera no se hubiera creado las condiciones del movimiento de abril; el movimiento campesino no sólo exigía respeto a sus tierras, sino además plateaba una alternativa, un cambio en la política ambiental, la protección del lago Cocibolca.

En la primera fase, fue la represión tradicional, se caracterizó por el uso desproporcionado de la fuerza contra los manifestantes; en tanto que la segunda fase, fue la implementación de la operación limpieza, la cual fue utilizada para eliminar a punta de balas las barricadas y tranques situados en las carreteras y en las ciudades.

La tercera fase ha sido la más cruda porque el gobierno utiliza el sistemas judicial y penal para arrestar personas y conducir procesos criminales y judiciales en su contra. La violación de los derechos humanos a la ciudadanía es una de las expresiones más clara de la crisis actual. Han sucedido cosas que han sobrepasado todas las fronteras de la imaginación.

Nadie se esperaba, por ejemplo, el ataque armado a la marcha del día de las madres. En la masacre del 30 de mayo se vio la máxima expresión del autoritarismo con la violencia brutal del Estado.

El 13 y 14 de julio 2018, ocurrió la más grave violación a la autonomía universitaria, cuando las tropas de la policía, paramilitares y grupos de choques pro-gubernamentales invaden el campus como territorio enemigo. Los días previos estuvieron cargados de inquietud y agitación íntima y colectiva de los estudiantes y, cada vez más, de sus familias, amistades y vecinos.

El 13 por la noche y la madrugada del 14 de julio, se suceden los ataques coordinados de los paramilitares y las turbas progubernamentales en el recinto universitario. La invasión estaba en marcha. Había gran actividad estudiantil en las escuelas y facultades de la UNAN-Managua. Voces de alarma se oían en todas partes. Hubo movimientos nerviosos, se disolvían las reuniones, los estudiantes corrían para 8 evitar las balas de los fusiles militares. Había desconcierto.

Los estudiantes se refugiaron en la Iglesia de la Divina Misericordia, los paramilitares continúan disparando contra los estudiantes provocando dos muertos y varios heridos.

Sigue: La política lo real es lo que no se ve

Los jóvenes universitarios tras el derribamiento de las arbolatas, celebran el inicio de la rebelión de abril de 2018. Frank Cortez / NM
Los jóvenes universitarios comenzaron a plantar árboles naturales donde antes hubo arbolatas. Frank Cortez / NM

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