31 julio, 2021

El arte de la lambisconería

Imagen tomada de El Mundo.es / NM

El culto a la personalidad casi siempre está asociado con el autoritarismo como estilo o el totalitarismo como sistema político.
Me divierte escuchar a los funcionarios del gobierno iniciar sus alocuciones citando siempre las palabras del estribillo: “en nombre del comandante Daniel y la compañera Rosario”, a quienes atribuyen todas las iniciativas y bondades que el régimen emprende.
Siempre aparece la muletilla obligada, la mención infaltable, los nombres mágicos que todo lo alumbra. Es la fórmula inevitable, la cita salvadora, el halago que endulza el paladar del poder autoritario y, de paso, pone en evidencia protectora la lealtad de quien la pronuncia.
El elogio desmesurado, la atribución alocada de virtudes y méritos se vuelve casi un arte, el arte de la lambisconería mezclada al cálculo político oportunista y despreciable.
Al interior del gobierno se encuentra una camarilla que está dispuesta a destruirlo todo con tal de no perder su condición de cortesanos.
El círculo palaciego, el clan de cortesanos, todos ellos de columna elástica, de pescuezo flexible y sonrisa fingida, siempre dispuestos a la apología y al embaucamiento, al engaño y el fingimiento.
Así se alimenta el estilo autoritario y se institucionaliza el culto a la personalidad del dictador.

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