25 octubre, 2021

En Nicaragua, los conflictos sociales nunca han sido una oportunidad para cambiar, ojalá ahora

Gráfico tomado de El Observador de la actualidad / NM

Los problemas y los conflictos no desaparecerán, seguirán siendo una parte inherente a los intentos de cambiar (o mantener) cualquier cosa en este mundo. “Organízate con eficacia” (2001), David Allen

Julio César Dias

El conflicto social, político y económico que atraviesa el país, es una oportunidad para ir cambiando de la cultura de la guerra a la cultura de la paz, donde todos los actores sociales, tenemos que aportar, involucrarnos y comprometernos a la búsqueda de soluciones, sin perder el derecho que tenemos como ciudadano frente a los poderes establecidos.  

La sociedad nicaragüense a partir de abril de 2018 se ha visto en la vorágine social donde el conflicto social, político y económico ha estado presente de forma visible, por eso se tienen que buscar procedimientos y alternativas para establecer relaciones de poder más equilibradas y justas en todos los planos: social, político y económico.

Si este acercamiento no se logra estaremos condenados como ciudadanos a vivir en la incertidumbre sin saber que pasará al siguiente día, esta situación no conduce a nada y el quehacer ciudadano se convierte en rutinas autómatas sin saber hacia dónde se quiere caminar, ni a donde se quiere ir.

Es decir, un país sin brújula sin puerto de llegada, así nos encontramos en estos momentos, sin embargo, a pesar de esta situación existen oportunidades como sociedad para que este conflicto se desvanezca o al menos se busque la convivencia social.

El conflicto de nuestra sociedad abre grandes posibilidades de estudio, análisis y diagnóstico por su relación con las necesidades humanas, las percepciones, las emociones, los deseos, etcétera. En este sentido, el conflicto puede ser entendido como una regeneración de las sociedades humanas (Morín, 2005), lo que conduce a que el conflicto no solamente es un factor de distorsión, sino que incluye también el germen de la paz.

Por tanto, el conflicto posee tanto la vertiente de crisis como la de oportunidad de cambio, tanto la idea de enfrentamiento como la de mejorar situaciones y relaciones, lo que convierte a los conflictos en procesos que pueden conducir a distintos resultados según sean su desarrollo y la metodología utilizada para gestionarlos.

En esta situación conflictiva entra en juego el uso del poder, pero hay que ser muy razonable para poder hacer uso de esta herramienta, la mesura, la tolerancia, el respeto, la razón, lo justo, lo responsable, el bien común, sobre todo, estos ámbitos son los que al final determinarán la discusión para darle salida a estos conflictos donde los actores que son los que tienen el poder definen hacia donde se quiere caminar.

Las relaciones entre conflicto y poder originan debates que son complejos, lo que implica la utilización de la teoría de la complejidad en el análisis de estas relaciones; ya desde la antigüedad se ha establecido que el poder, esencialmente entendido como control de recursos, ha jugado un papel esencial: cuanto más compleja se vuelve una sociedad, mayor influencia tiene éste, y viceversa (Childe, 1950; Chapman, 1990).

Su metodología de actuación puede modificarse a lo largo del tiempo. En primer lugar, la idea más aceptada concibe el conflicto en un ámbito que incluye tanto la contraposición de intereses, percepciones y valores, como la necesidad de satisfacer las necesidades humanas, aspectos que están presentes casi siempre en las sociedades y relaciones humanas.

Por lo tanto, los conflictos están presentes en el tiempo y en el espacio, nuestra realidad y existencia se inscriben en un tiempo y en un espacio (Foucault, 1992), llegando incluso a la posición de algunos autores que expresan que todo lo que no se circunscriba a estas dos condiciones no existe para el conocimiento, como expresa Kant en su Crítica de la razón pura.

A veces el conflicto se percibe como algo negativo que hay que eludir. Esta idea puede estar basada en factores como: a) los conflictos se suelen relacionar con la forma en que se suele afrontar o resolver, es decir, la conquista, la violencia, la anulación o la destrucción de una de las partes, y no en la consecución de una solución justa y mutuamente satisfactoria (Rapoport, 1995), b) todas las formas de enfrentarse a un conflicto requieren un esfuerzo importante y una inversión de tiempo muy grande, además de que, a veces, no es excesivamente agradable, y c) la mayoría de las personas, incluidos los investigadores, perciben que no han sido educadas para afrontar los conflictos de una manera positiva y, por tanto, no disponen de herramientas y recursos adecuados (Jiménez, 2004).

A pesar que nuestra sociedad a lo largo de la historia siempre ha estado en conflictos permanentes no hemos aprendido cómo hacerle frente por otra vía que no sea la violencia en todas sus modalidades a buscar soluciones que permita un entendimiento que sea para beneficio de todos.

Los intereses personales, las ambiciones, la búsqueda del poder para aplastar al otro, el revanchismo, la venganza y borrar todo vestigio de los antecesores es lo que al final ha resultado.

La escuela que ha heredado nuestra sociedad de los que aspiran al poder y llegan al poder es el que gana, gana todo y el que pierde, pierde todo, en vez de pacificar a la sociedad, la convierte un barril de pólvora en una bomba de tiempo lista para explotar en cualquier momento.

El conflicto es consustancial al ser humano como ser social que interacciona con otros seres humanos con los que discrepa, y que tienen intereses, percepciones, valores y necesidades contrapuestas. Es, además, ineludible y tiene una dinámica propia.

En este sentido, la diversidad desde la cooperación y la solidaridad es una fuente de crecimiento mutuo, pero la diferencia también conlleva contraste y, por tanto, divergencias, disputas, diferencias de pareceres, y conflictos (Schelling, 1980).

Además, uno de los mecanismos más importantes de avance social son los conflictos frente a estructuras injustas, lo que indica su importancia como instrumento de transformación social.

No podemos decir que el conflicto solo conduce al fracaso social, tenemos que verlo como parte del tejido social, necesario en estas situaciones para ir creando no solo el involucramiento de la sociedad, si no el compromiso que cada ciudadano tiene en sí mismo y frente a la sociedad.

Solo las contradicciones es lo que permite que una sociedad avance, y se desarrolle, lo significativo de esto es como los involucrados que son los que tiene el poder y los que dicen que representan a los otros proceden a la búsqueda de resolver ese conflicto de la manera más civilizadas.

En la actualidad, la noción de conflicto abarca aquellas situaciones en la que dos o más partes tienen intereses opuestos acerca de algo, y cuyo desenlace no suele ser una resolución definitiva, sino que constituye una etapa más o menos duradera en el desarrollo del mismo, que puede resurgir de nuevo en términos similares o distintos a la vez anterior.

Naturalmente, a veces se produce el cierre de un conflicto, de forma que este desaparece definitivamente, generalmente al desaparecer las causas que lo originaron o al modificarse los intereses de las partes, la búsqueda de aproximaciones o poder identificar los intereses comunes es el inicio de resolución de estos conflictos.

“El conflicto consiste en un enfrentamiento intencionado entre dos seres o grupos de la misma especie que manifiestan una intención hostil entre ellos, generalmente acerca de un derecho y que, para mantener, afirmar o restablecer este derecho, intentar eliminar la resistencia de la otra parte usando eventualmente la violencia, lo que podría llevar al aniquilamiento físico del otro” (Freund, 1983; cf.: Entelman, 1999).

Estamos en un enfrentamiento intencionado entre las partes, ¿qué dice usted?

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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