18 mayo, 2021

Los espasmos de la crisis sociopolítica: “las fuerzas de los movimientos sociales no están agotadas”

Foto tomada de La Prensa, Nicaragua / NM

Oscar-René Vargas

Karl Marx decía que “los hechos y personajes de la historia se repiten dos veces, una como tragedia, otra como farsa”. Herbert Marcuse añadió que “la farsa es más terrible que la tragedia”.

Cuando se producen crisis serias, como la rebelión de abril 2018, la policía y el ejército, adoptaron respeto a las bandas armadas una amistosa neutralidad, cuando no, una colaboración con ellas directamente.
El movimiento de abril 2018, no estalló a través de un tranquilo proceso ininterrumpido, sino a través de una serie de protestas sociales separadas previas separadas por intervalos bien definidos, a veces prolongados, durante los cuales se fueron modificando las relaciones entre el gobierno y los movimientos sociales. El incremento del descontento social dio origen a una reacción salvaje de parte del régimen.
Para poder medir correctamente el termómetro de la coyuntura política, es necesario tomar en cuenta las fluctuaciones económicas y políticas, con sus flujos y reflujos coyunturales. Los movimientos sociales presentan períodos de alza y baja, que se alternan constantemente, reflejando los espasmos de la crisis social.
Si nos basamos única y exclusivamente en la caracterización del momento, ignorando las etapas concretas, caemos fácilmente en el esquematismo, el sectarismo o la fantasía. Cada giro pronunciado de los acontecimientos tenemos que adecuar las tareas básicas, el cambio de la situación concreta de esa fase determinada. En eso consiste el arte de la táctica.
La Alianza Cívica tiene que tener presente que, en el pacto de 2009 entre el régimen y el gran capital, Ortega era la parte activa. El gran capital jugaba un rol subordinado, se adapta, marcha al ritmo de Ortega, no traspasa los límites establecidos, perdió su libertad de acción ya que quería mantener los beneficios económicos del pacto.
La política de Ortega era ofensiva, de perspectivas mucho más amplias para apoderarse del poder total del estado. La política del gran capital era defensiva y limitada por sus ganancias. El gran capital no jugó un papel estratégico, se conformó con los intereses inmediatos.
El vuelco decisivo de la Alianza Cívica en favor de las reivindicaciones estratégicas de los movimientos sociales se dará solamente cuando se produzca un colapso de las ilusiones de creer que el régimen quiere una salida democrática y que ha abandonado su estrategia de: “el poder o la muerte”.
El régimen desea que la crisis sociopolítica se prolongue lo más posible, hasta que los protagonistas de los movimientos sociales queden completamente exhaustos o vuelva a recapturar a todos los principales líderes inventando falsas acusaciones de delitos comunes.
El objetivo político del régimen Ortega-Murillo es el exterminio de todos los elementos de la democracia. Su objetivo no consiste sólo en derrotar a los movimientos sociales, sino en mantener a toda la población en un estado de fragmentación social forzosa y amorfo.
La voluntad de régimen de querer mantener la crisis (económica, social y política) no puede significar más que el deseo de empobrecer o pauperizar a sectores de la clase media y la degeneración hacia lumpenización o marginación social de capas de los sectores populares por el crecimiento de la población desempleada, con el objetivo de destruir todas las organizaciones sociales, aniquilar la protesta social y someter a todos los ciudadanos a la voluntad del dictador.
El régimen se ha visto cada vez con menos capacidad de regular las relaciones sociales por medio de sus instrumentos “normales” de represión/contención social; es decir, con la policía y el ejército. Razón por la cual, se ha visto obligado a recurrir cada vez más a la ayuda de las bandas armadas.
La aparición de organizaciones de combatientes “voluntarios” cuyo objetivo es la supresión física de los ciudadanos autoconvocados, constituye un síntoma inequívoco del proceso de desintegración del régimen, debido a que ya no le es posible controlar las contradicciones sociopolíticas por los métodos constitucionales.
Una ilegalización de los grupos armados organizados sería ficticia, pueden cambiar de nombre y adaptarse a cualquier forma organizativa. No hay que olvidar que miembros influyentes del régimen simpatizan y los apoyan, y esta simpatía se incrementará en la medida que la crisis sociopolítica se prolongue en el tiempo o ponga en peligro sus actuales prerrogativas.
El desarrollo económico de los últimos años, ha producido una nueva burguesía de administradores, empresarios y funcionarios que poseen suficientes privilegios como para estar contentos con el “status quo”. Lo que hace viable la idea que estos sectores sólo negociarán una salida política que les permita conservar las ventajas que les proporcionó el régimen.
El régimen Ortega-Murillo tiene conciencia que son extremadamente vulnerable en el contexto internacional y sabe que el papel de los norteamericanos es vital para encontrar una solución a la crisis sociopolítica.
El régimen se ha dado el objetivo de demostrar a Washington y a los poderes fácticos centroamericanos que él es capaz de derrotar a los movimientos sociales y poner orden en Nicaragua; por lo tanto, necesitan negociar con Ortega un “aterrizaje al suave” para asegurarse una estabilidad regional.
El recelo de los Estados Unidos es que la ola de levantamiento social en Nicaragua, no se pueda detener en sus fronteras. Su temor es la posibilidad de una generalización de la crisis en la región, lo que provocaría migraciones masivas, incremento de la inseguridad, mayor tráfico de drogas, etcétera.
Nadie ha reprimido más implacablemente que Ortega con el propósito de tratar de obtener una actitud de “neutralidad” de los Estados Unidos y los poderes fácticos al probarles no hay nadie mejor que él para espantar una crisis generalizada que desestabilice la región centroamericana.
Es falso creer que el pueblo maniatado por la represión pierde su capacidad de observar y pensar. Sacan conclusiones más lentamente, pero con más solidez y profundidad. Las fuerzas de los movimientos sociales no están agotadas. Se requiere una dirección política y una estrategia correcta para ponerlas en movimiento.

San José/Costa Rica, 01 de agosto de 2019.

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