18 mayo, 2021

El macabro cadalso de los universitarios en Nicaragua

Carlos Morales Zapata/NM

Desde abril del 2018, más de 800 nicaragüenses han sido clasificados como reos políticos. Actualmente más de 600 de ellos aún siguen en los calabozos. 

 

Video de Carlos Morales / NM

“Uno ya estando en la celda, la moral se quiebra; me sentía derrotado, que ya se había acabado todo para mí.” Fredrych Castillo, sobreviviente del ataque a la Divina Misericordia y ex reo político.

 

Bajo la excusa de interrogación como proceso de investigación policial, los reos políticos son brutalmente torturados psicológica y físicamente, llegando a los extremos de recibir choques eléctricos en sus partes íntimas y hasta ser abusados sexualmente.

Carlos Morales Zapata

El 4 de octubre de 2018, aún antes del amanecer, Fredrych Castillo fue despertado violentamente en su celda de aislamiento en máxima seguridad en el sistema penitenciario La Modelo. Culatazos en la cabeza, patadas en la espalda y las costillas y constantes gritos, amenazas e insultos terminaron en un baño de sangre que inclusive “perdí la noción de la realidad y por momentos me imaginaba en otro lugar, en El Chipote” rememora con mirada perdida, el joven que fue uno de los atrincherados.

-¡Ese fue tu regalo de cumpleaños!-  recuerda claramente Fredrych que le gritaron en coro los guardias luego de la brutal golpiza. Aquel día cumplió 22 años de vida y 76 días de haber sido encarcelado y acusado entre otros supuestos delitos, de terrorismo.

Carlos Morales Zapata/NM

En la espalda de Fredrych Castillo aún queda evidencia de las múltiples torturas de sufrió. Muchas cicatrices se borraron por la falta de sol durante 9 meses de confinamiento

Unos días más tarde, cuando fue llevado al consultorio de Sicología, la doctora le dijo que todas esas torturas eran imaginación suya, que nada de eso sucedió y todo es “estrés carcelario”.

Lo mismo dijo el doctor acerca de Dino Ramos, originario de Matagalpa, quien perdió la audición de su oído derecho por un culatazo que le dio un carcelero de El Chipote. 

A raíz de esa golpiza, Castillo, cuyo seudónimo es “Estelí” padece constantes visiones durante el día y por las noches,- cuando por suerte logra conciliar el sueño,- tiene pesadillas extrañas. Ahora debe consumir pastillas para dormir y estas no le hacen efecto sino hasta que sale el sol.

Sentado en una silla negra de respaldar bajo, “Estelí” tiene la mirada baja y las manos apretadas entre sus piernas que mueve de arriba hacia abajo. Alguien hace sonar unas llaves en una habitación cercana y es evidente la incomodidad en el joven; sus ojos se mueven rápidamente y aprieta los labios.

No puede escuchar el ruido que provocan las llaves

“El sonido de las llaves me pone nervioso, me descontrola y me da ansiedad.” Relata que en El Chipote los guardias las convirtieron en un objeto de terror. Que tras la puerta del calabozo el terror se apodera de los reos porque saben que si las llaves suenan y la puerta se abre viene una ronda de torturas. “Yo no le deseo el mal a nadie, pero ahí dentro deseaba con toda mi alma que no fuera mi puerta la que abrieran, sino la de otro”.

Terrores similares atacan cada noche a otro joven cuyo seudónimo es “Veintidós”, quien después de varios días de grotescas torturas a manos de unos 20 paramilitares le tiene un terror mortal a la oscuridad. En una sala hermética y con gran nerviosismo y evidente ansiedad, este joven, también sobreviviente de la masacre en el ataque a la iglesia Divina Misericordia el pasado 13 de julio de 2018, confiesa que trata de evitar dormir cuanto le es posible, y que en su casa las luces nunca pueden estar apagadas, pues a raíz de ciertos eventos sufridos durante su secuestro, dormir es un martirio constante. “Todas las noches hay un infierno en mi cama.”

Graves consecuencias

El lunes 28 de mayo del 2018, “Veintidós” fue encañonado por varios sujetos en una calle de Managua. Lo golpearon con tubos de aluminio principalmente en la cabeza y sus atacantes huyeron; no le robaron, sólo “me  pedían información”. Cayó semiinconsciente y bañado en sangre, sintiendo que la mitad de su cuerpo estaba muerta. Estuvo tres días en estado de coma en un hospital de la capital. A partir de ahí sufrió múltiples cuadros de bipolaridad que evidenciaron un mal temperamento sin aparente causa.

Al respecto la psicóloga Dinorah Medrano, especialista en violencia y salud mental, asegura que estos jóvenes presentan los síntomas de estrés postraumático, y que en algunas ocasiones “estos pueden caer en depresiones profundas y acercarse al suicidio.”

Carlos Morales Zapata/NM

Unos días después de haber sido liberado, el joven fue recapturado y golpeado de manera ilegal por la policía.

Otros jóvenes, también ex reos políticos que pidieron omitir sus nombres por temor, igualmente presentan según los especialistas, graves episodios de ansiedad y depresión que afectarán sus vidas a largo plazo si no se tratan sicológicamente.

Persecución después de la masacre

Las capturas de ambos jóvenes — Fredrych y “Veintidós”- fueron en circunstancias distintas pero ocurrieron tras un mismo evento. Los dos sobrevivieron a la brutal masacre en la iglesia la Divina Misericordia el viernes 13 de julio de 2018, fueron evacuados a la catedral el día siguiente, y a partir de ahí huyeron a la clandestinidad porque una operación de captura por parte de la Policía y cuerpos paramilitares estaba tras ellos.             

El 16 de julio del mismo mes, a sólo dos cuadras de la casa de seguridad en se refugiaba, dos camionetas Hilux sin placa y llenas de paramilitares encapuchados interceptaron a “Veintidós” y lo llevaron secuestrado a una casa de torturas. Fue golpeado mientras estuvo en la cabina del vehículo, amordazado y vendado. Al llegar al lugar es lanzado a una habitación en penumbras donde encuentra a tres jóvenes más.

Torturaban en misteriosa casa

“Eran dos muchachos de Masaya y uno de Jinotepe, nos desnudaron a todos y nos tenían ahí. Logré ver que había unos cuerpos que estaban enterrando más allá, y constantemente se comunicaban por Walkie Talkie con alguien llamado Pastora que les decía que no nos mataran.”

Con el rostro medio oculto entre las manos “Veintidós” continúa relatando que los secuestradores encendieron una máquina de soldadura e iniciaron la sesión de torturas. Pedían información de los líderes, de los tranques, de las armas según ellos usadas para el terrorismo, y la pregunta más constante era: ¿Quién los financia?

Si los secuestrados no respondían les ponían una varilla de soldadura ardiendo en las costillas, en la espalda, en las piernas, y finalmente en los testículos. “Una y otra vez, se burlaban de uno y se veía cómo disfrutaban oírnos gritar de dolor.”

Abusados sexualmente por “bestias”

“Veintidós”, el joven de voz áspera continúa su relato casi en susurros, “lo que te voy a contar no lo sabe nadie más”, resalta, “sólo se lo he dicho a mi mamá”. Calla una vez más y luego de varios segundos con la voz entrecortada continúa su brutal relato:

“Abusaron de nosotros. Nos violaron 5 veces a los que estábamos ahí…” “Veintidós” se quiebra de golpe y reprimiendo el llanto calla por unos momentos.

El joven explicó que los 4 secuestrados no podían hacer nada para defenderse, pues todo el tiempo estuvieron encadenados. Además de las normales tandas de puñetazos, patadas, tubazos en la cabeza y constantes amenazas de muerte para ellos y su familia, -torturas psicológicas-, “Veintidós” enfatiza que lo peor para él fue haber sufrido violación sexual 5 veces seguidas en un lapso de dos días por más de 20 hombres; sus captores. 

“Entre ellos (los secuestradores) siempre había una mujer, nunca se les despegaba. Y cuando vieron que nosotros no teníamos la información que ellos buscaban nos dijeron riéndose que nos fuéramos. Los muchachos que estaban conmigo tenían mucho miedo, no se quería mover; creo que los mataron.”

Él decidió irse, fue montado en un vehículo, totalmente desnudo y con una venda en los ojos, y lo dejaron botado en algún punto de El Crucero. Desconoce el sitio exacto.

Cortesía Carlos Herrera/Confidencial

De izquierda a derecha, Otoniel Espinoza, Alex Catillo Parrilla, Pedro Sánchez y Fredrych Castillo. Todos reos políticos liberados y excarcelados el pasado abril; actualmente amigos.

 

Consecuencias de por vida

Ante la pregunta constante de ¿La tortura por violación afecta más a hombres o a mujeres?, la sicóloga Dinorah Medrano afirma que esta afecta igualmente a un hombre que a una mujer. “Su siquis termina igual de dañada” dice, “pero socialmente afecta más a un hombre, es más condenable”.

Esto significaría que aunque el repudiable acto cause profundo rechazo entre la población, este sería más acentuado si un hombre fuese la víctima del crimen. “Definitivamente algo muy desigual” dijo la especialista.  

A este respecto distintos especialistas de la salud mental aseguran que después de haber sufrido esta clase de torturas la víctima nunca más vuelve a ser la misma. Se aprende a convivir con ello; no se olvida.

Medrano sostiene que la salud mental no existe en Nicaragua, y que por supuesto no hay gente capacitada para trabajar con el tema de las torturas. “Habría que diseñar una estrategia especial para tratar estos temas tan delicados”.  

Archivo END / NM

Una de las cárceles históricas, ubicadas en El Chipote, usadas por los Somoza contra sus adversarios políticos, costumbre que se extendió hasta hoy.

 

Cronología de las torturas en Nicaragua

Desde el año 1948 existe una prohibición mundial de las torturas y todas las formas de crueldad y humillación, esto tras la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos que fue firmada por 156 países, entre ellos Nicaragua.

Cortesía Amnistía Internacional

Irónicamente, durante los últimos cinco años, Amnistía Internacional ha informado sobre constantes actos de tortura en al menos 141 países.

De acuerdo con la plataforma web oficial del organismo defensor Derechos Humanos, Amnistía Internacional, si se es pobre, se pertenece a un grupo sometido a discriminación, se es parte de una minoría étnica o religiosa, o de grupos de oposición política, hay más posibilidades de sufrir torturas, y de tener menos recursos para defenderse.

Lo anterior encaja perfectamente con la realidad nicaragüense, pues las personas que han reportado ser torturadas a partir del contexto de la rebelión de 2018, pertenecen a la oposición política del país, o sus ideas están en contra de la forma de proceder y actuar del gobierno actual.

 ¡Veneno en la comida!

De acuerdo con el Informe Preliminar que publicó el Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca +, el preso político R.A.E. logró sacar del Centro Penitenciario La Modelo una pequeña muestra de la comida que son obligados a consumir “La chupeta”. Esta fue examinada en un laboratorio y el resultado del estudio fue que este alimento contenía arsénico, un elemento químico semimetálico solido de color grisáceo que es utilizado para la fabricación de gases venenosos.

Esto coincide con el testimonio del joven universitario Pedro Sánchez, un ex reo político sobreviviente de la masacre de la Divina Misericordia en la UNAN Managua, quien fue capturado en una casa de seguridad el 20 de julio. “A los 3 días de estar en La Modelo todos comenzamos a defecar blanco y con espuma; nos estaban envenenado.”

Varias semanas más tarde, entre agosto y septiembre, muchos reos de todo un módulo se enfermaron con los mismos síntomas: “Éramos unos 70 reos por módulo, y al menos unos 18 ó 20 tenían fiebres muy intensas (hasta 42°) y convulsiones. Los carceleros no nos hacían caso, así que teníamos que bañar a los enfermos con la poca agua potable que teníamos y los envolvíamos en colchonetas mojadas.” relata Sánchez.       

Otros reos políticos liberados agregan que en la cárcel sus compañeros padecen  enfermedades como infección renal, diabetes, hongos en los pies, gangrenas, infecciones en la piel que podría requerir amputación, úlceras entre otras.

Otoniel Espinoza Calderón, el reo político excarcelado que se disfrazó de payaso relata que uno de sus compañeros de celda que en la cárcel comenzó a padecer del corazón, un día después de una brutal golpiza por parte de los carceleros sufrió un derrame. “Se levantó con la mitad de la cara caída y temblando, al momento cayó al suelo con la mitad del cuerpo como derretida.” Espinoza agrega que a pesar de los gritos pidiendo auxilio únicamente les dieron una pastilla para la alergia.

 

El Caracol y la temida puerta 40

De acuerdo a varios relatos de reos políticos que han pasado por las mazmorras de El Chipote, al fondo de un pasillo semioscuro y húmedo se encuentra el acceso a “El Caracol”, la principal celda de torturas que posee varios niveles y cuya entrada está señalada como la puerta número 40 en el tope del corredor. La más temida de todas.

Se supone que esa y otras celdas subterráneas contiguas son las que Somoza utilizaba para torturar a sus críticos y que tenían acceso directo desde sus oficinas en el antiguo Palacio Presidencial.  

Archivo END / NM

Vestigios de las cárceles de los Somoza, ahora restauradas para encerrar y torturar a los adversarios del gobierno de Daniel Ortega.

 

Estas son algunas de las torturas que más practican policías y paramilitares contra opositores según el informe preliminar del Colectivo de Derechos Humanos:

– Utilización de fotos de familiares durante las entrevistas, generalmente acompañadas de amenazas de detención, agresión o violencia sexual.

– Amenazas de hacer abortar

– Amenazas con arrancar uña del dedo con una máquina.

– Interrupción de sueño.

– Confinamiento en celda llenada con agua hasta la rodilla o celdas calientes y cerradas

– Quema con cigarros, inclusive en testículos.

– Arma de fuego sobre la cabeza durante el interrogatorio.

– Golpizas estando la persona inmovilizada en un poste.

-Colgar a la persona y golpear, principalmente en la zona media, con armas

-Asfixia mojada.

– Alicate en clavícula con descarga eléctrica, previa utilización de agua.

– Plancha caliente sobre el cuerpo.

– Disparar a los pies solicitando nombres de personas posiblemente implicadas.

– Uso de Taser.

– Asfixia con bolsa

– Uso de adoquines para presionar, lastimar o amenazar (principalmente en los departamentos del sur del país)

– Violación sexual y amenazas o agresiones sexuales

Carlos Morales / NM

Doctor Pablo Cuevas, Comisión Permanente Pro Derechos Humanos.

 

Según el doctor Pablo Cuevas, asesor legal de la CPDH, estas torturas son selectivas y siguen un patrón definido. Tratan peor a aquellos reos que, según ellos, podrían tener más información. El terror psicológico de las amenazas opera en conjunto con las torturas físicas.

Choques eléctricos en los senos

“El dolor infringido es tal, que ciudadanos presos han confesado cosas que nunca pasaron con tal que dejen de golpearlos”, asegura el doctor Cuevas, además de reportes de abusos y agresiones sexuales contra mujeres, también se reportaron casos de féminas a quienes en las sesiones de torturas “les ponían chuzos eléctricos en los senos para que hablaran.”

Así mismo se habla de una silla eléctrica en uno de los niveles subterráneos de “El Caracol”. El doctor Cuevas y el universitario Fredrych Castillo relatan que varios reos que han estado en el interior de la mazmorra conocieron dos usos diferentes de dicho mecanismo de tortura. Bañan de agua a la víctima y luego la amarran a la silla y le ponen descargas constantes lo suficientemente altas para causar dolor, y lo suficientemente bajas para no matar. El otro uso es similar, sólo que en lugar de amarrar a la víctima, sólo la sientan en la silla, y el choque de electricidad los manda “a volar”.

Finalmente, el asesor legal de la CPDH asegura que al menos 8 de cada 10 reos políticos excarcelados han denunciado graves torturas físicas y psicológicas durante el tiempo que permanecieron ilegalmente privados de libertad.

 Policías torturan y luego se burlan de sus víctimas

Al segundo día después de haber sido capturado y trasladado a las celdas de El Chipote, Fredrych Castillo, -herido en el brazo por el ataque a la Divina Misericordia una semana antes,-  fue llevado a rastras a una celda en penumbras donde además de los constantes golpes y amenazas le mostraron fotos de su mamá. “Mi mamá en su vida normal, saliendo a la venta, yendo al mercado, visitando a mis tías, y eso me quebrantó todavía más.”

Pero el punto de quiebre, según Castillo, no fue que le echaran agua y lo electrocutaran o le pusieran la pistola taser sobre una herida expuesta en el brazo (Al disparo, el arma produce una descarga de 50,000 voltios, pero al llegar al cuerpo humano el voltaje cae a 400 voltios).  El punto de quiebre tampoco fue que le quemaran los testículos con una varilla de soldadura, sino que tras horas de golpizas, con la nariz quebrada y la cara bañada en sangre, a punto de desmayarse, los policías se burlaran de él.

“Sólo miré que se quitaron la capuchas y se tomaron fotos a mi lado, sonriendo. Me agarraban la cabeza y decían que sonriera. ¡Aquí con el guerrillero!, ¡De aquí nunca vas a salir vivo! Y se tomaban fotos burlándose de mí, con la cara ensangrentada y a punto de desmayarme. Eran varios, eso fue lo que más me dolió mi moral.” 

 

 

 

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