9 mayo, 2021

Los seres sin sombra, perseguidos por la dictadura

Fotografía de archivo / NM

Carlos Morales Zapata

Camuflados a simple vista o escondidos en los mayores rincones de Nicaragua, pasando de casa y en casa y aparentando estar a gusto con una nueva personalidad, un nuevo nombre y otras “costumbres”, viven decenas de jóvenes perseguidos por la dictadura. Ex atrincherados, líderes de protesta, brigadistas médicos; todos clandestinos.

En una sala cerrada de paredes azules y cortinas oscuras “El Gato” está sudado y el nerviosismo es evidente en sus frases cortas. Sospecha que lo siguieron y disimuladamente se asoma por la ventana para verificar sus dudas. Sin embargo, después de unos minutos afuera todo parece estar en orden.

Pone su mochila negra sobre una silla y se cambia de camisa rápidamente como parte de su ritual de seguridad.

“Yo nunca estuve en una casa de seguridad, siempre traté de cuidarme lo más posible para que mis vecinos, (sapos la mayoría) no sospecharan nada de lo que yo hacía.”

“El Gato” es uno de los pocos que se puede dar el lujo de estar en su tierra con sus seres queridos, la mayoría de atrincherados y sobrevivientes de las masacres a las universidades están en el exilio o viven una vida totalmente clandestina. Tal es el caso de “Héctor”, quien en diciembre permanecía atento a cualquier ruido extraño cerca de él. En varias ocasiones al escuchar la explosión de una triki traka o una moto acelerada a fondo se preparó para salir corriendo por la salida de emergencia de su refugio. Dormía con la ropa y los zapatos puestos y al lado una mochila con comida enlatada, vendas, una cámara, un cargador y otra muda de ropa.

En las barbas del adversario

Unas 6 veces durante los meses más duros estuvo a punto de lanzarse a un barranco en huida desesperada cuando la Policía y grupos paramilitares se apostaron cerca de su escondite. “Una vez estuvieron revisando casas a 30 metros de mi ubicación, de suerte nunca dieron conmigo.”  

Ahora sale un poco más a la calle. Poca gente sabe los detalles de sus movimientos entre abril y julio, y cuando volvió flaco, con el cabello largo y descuidado y la barba crecida, todo el mundo quería saber dónde se había metido tanto tiempo.

Para salir tiene varias identidades. “Básicamente soy tres personas, la paranoia y el temor me obligaron a actuar de esa manera. Una amiga me dijo que podía conseguirme cita con un psicólogo, pero no me siento preparado para eso aunque sé que lo necesito.” Un día tiene barba y viste deportivo, en otra ocasión está afeitado y viste elegante. El tercer seudónimo que debe adoptar se mantendrá en el anonimato por razones de seguridad.

La más buscada

Algo similar ocurre con “Maya”, una estudiante de la UNAN-León que por extremas razones de seguridad ha tenido que desaparecer del mapa y prácticamente convertirse en fantasma. Ella es una de las líderes más buscadas de la ciudad universitaria, y varios de sus amigos han sido apresados cuando la Policía intentaba dar con ella.

“Cuando atraparon a Byron y Nahiroby Olivas en realidad me estaban buscando a mí. La mamá de uno de ellos me alertó del hecho, unos días después atraparon a la Amaya Coppens y entonces decidí escurrirme de la vida pública.”

Maya tuvo que cambiar de refugio varias veces en una sola semana. Salió de su casa en León y estuvo con una miga, luego con otra en un departamento vecino, y finalmente desapareció de la vista pública. Aún maneja una vasta red de contactos con madres de reos y varios de sus amigos íntimos que no han sido apresados. Ellos le cuentan que en la Radio Estación de la Amistad dan información de ella constantemente. El nombre de sus familiares, la ubicación de su casa y otros datos más. En otras palabras, la programación de esa emisora realmente incita al odio.

Abril cambió a muchos jóvenes

En la clandestinidad todo es más duro y complicado, “siempre estoy alerta sintiendo que me siguen. Debo llevar algo en la mano para defenderme y sentirme segura.” Camina viendo sobre sus hombros, con los ojos sagaces y movimientos rápidos. La rebelión de abril y la clandestinidad han cambiado drásticamente el mundo de “Maya” y de muchísimos otros jóvenes nicaragüenses.

Un ejemplo claro es “Lucio”, un joven universitario que ejerce como periodista, y que a pesar de no ser un ex atrincherado, fue muy activo en las primeras protestas antigubernamentales, fue y sigue siendo muy activo en las redes sociales, y tienen gran alcance en una de estas. Desde hace algunos meses ejerce de periodista en un medio de comunicación bastante popular y ha sufrido múltiples amenazas y persecución. Ha cambiado de domicilio en varias ocasiones, y hace casi un mes fue perseguido cuando regresó a su refugio a traer su computadora y una camioneta negra con vidrios oscuros lo estaba esperando.

“Lucio” de verdad

No reparó en ello hasta que un familiar le dijo “Oe Lucio, ahí te está esperando un amigo afuera.” Se quedó extrañado, disimuló para no alertar a los presentes salió tranquilo caminando por la calle. Dobló una esquina, luego otra y otra hasta darle la vuelta a la manzana y comprobar que la camioneta negra seguía sus pasos a 15 metros de distancia. Se subió a un taxi, el vehículo seguía detrás de él. Alertó a unos amigos que lo esperaban y finalmente debió bajar del taxi a mitad de un semáforo, y en medio de la confusión vehicular aprovechó para cambiar de vehículo y perder de vista al carro que lo perseguía.

Esa misma tarde uno de sus compañeros fue perseguido dos veces en circunstancias parecidas por un vehículo negro y sin placas. Sólo una serie de movimientos astutos y un embotellamiento vehicular lo salvaron de la persecución por ese día.

El día más cercano a la muerte

En la sala de paredes azules “El Gato” está contando su testimonio. Calla un momento y traga saliva cuando relata lo vivido el 6 de mayo en Niquinohomo. Participó en el primer puesto médico del lugar y atendió rápidamente a múltiples heridos aquel viernes de mitad de año.

“Fue el día más cercano a la muerte. En un momento del enfrentamiento entre balas y piedras la Guardia atacó directamente al puesto médico donde me encontraba yo.” Relata que las calles eran pequeñas y los disparos cercanos y ensordecedores. Las balas impactaban en las paredes de las múltiples casas de adobe y dejaban un considerable agujero que dejaba entrar desde afuera el denso olor a miedo y sangre.

Al día siguiente, sábado 7 de mayo, “El Gato” ya sabía lo que le esperaba en la UNAN-Managua. A duras penas logró salir de la zona de guerra en que se había convertido Niquinohomo, y se fue a clases. Días antes un grupo de universitarios decidieron reunirse para planear la toma de esa importante casa de estudios.

La toma de la UNAN-Managua

“Fueron varias reuniones, y decidimos sumarnos a la lucha universitaria de esa manera, pues descubrimos que al regresar a clases la gente de UNEN se preparaba para atacarnos a nosotros y que pareciera un auto-ataque.” Aquel 7 de mayo las redes sociales y los medios de comunicación se conmocionaron con la noticia de la toma a una nueva casa de estudios. En el interior las únicas armas eran los morteros, lanzamorteros y miguelitos comprados con el dinero de los mismos jóvenes que fraguaron la rebelión.

“Todos los días entre 11:00 pm y 1:00 am pasaban camionetas sin placa lanzándonos balas. Decidimos poner las primeras barricadas.” Con el tiempo lograron conseguir 3 cámaras de seguridad para vigilar la rotonda y otros puntos importantes alrededor de la universidad.

El trabajo de “Maya” en la UNAN-León era similar. Ella era la jefa encargada del área de seguridad desde el propio20 de abril, cuando en los primeros ataques se visionaron los líderes en medio de los heridos, aquellos que guiaban gente y guardaban la compostura en momentos tensos. “Un dato particular es que habíamos varias líderes mujeres a las que nos obedecían sin dudar. Nos ganamos ese respeto.” Amaya Coppens y “Maya” son prueba viviente de ese liderazgo.

Paramilitares cincuentones

La joven de rasgos finos y boca rosada relata que el 23 de mayo ante una convocatoria de gobierno provisional en León fueron salvajemente atacados. Rodearon el tranque en que se encontraba ella y llovieron las balas. La única defensa eran las piedras. En un momento apareció un grupo antisocial y defendió la barricada, los cuerpos paramilitares huyeron y muchos de ellos se quedaron rezagados.

“Me sorprendí al ver que la mayoría eran mayores de 50 años. Se deshidrataron y cansaron rápido, algunos estaban heridos y decidimos atenderlos a pesar de que eran nuestros atacantes.”

Les quitaron las armas y los curaron. Ellos los veían entre sorprendidos y enojados, y uno confesó que les pagaban 300 y 400 córdobas a cada uno. Les quitaron las armas y los dejaron ir porque eran señores y varios presentaron cuadros de asma. Más tarde las armas fueron entregadas a los derechos humanos.

“Aquel día estuve a punto de morir, y por mi culpa casi queman a una familia.” Hubo un contraataque de los paramilitares y los universitarios salieron huyendo en desorden. Hacía horas que “Maya” no se sentaba a descansar ni bebía agua. Se rezagó y entró a refugiarse en una casa. Alguien la vio y a los minutos decenas de JS rodearon la casa y comenzaron atacarla primero con piedras y luego con morteros. “Destruyeron sillas, verjas, ventanas, ventanas y hasta mesas. Al ver que yo no salía comenzaron a lanzar morteros, y una cortina tomó fuego. Iba a salir, pero la señora de la casa no me dejó y me ordenó que me escondiera en el baño.” En aquella casa había niños, ancianos y hasta médicos refugiados. El ataque inició cerca de las 3:00 pm y terminó pasadas las 8 de la noche.

La masacre del 30 de mayo

El 30 de mayo “Héctor” se quedó atrapado en Managua tras el brutal ataque a la marcha de las madres en el sector de UNI y la UCA. Llevaba horas con su cámara fotográfica registrando detalles cuando escuchó la sirena de la ambulancia anunciando los primeros heridos. Llegó a la primera barricada situada unos 30 metros al norte del portón principal de la UNI y vio las inolvidables y devastadoras imágenes de los primeros asesinados. Varios chavalos con la cabeza desbaratada y los sesos colgando a un lado, el cuerpo casi inerte; expirando.  Luego de sobrevivir, esa noche “Héctor” cambió de refugio 3 veces a plena madrugada, pues varios vehículos sospechosos se detenían por eternos minutos al pie de la puerta en penumbras, adivinando los movimientos del interior.

Los seres sin sombra

“Tigrillo” y el “Doctor Veneno” viven una tensa vida clandestina desde hace meses. Han cambiado de refugio más de 20 veces y dejaron de ser jóvenes para convertirse en una suerte de guerrilleros urbanos. Huyendo constantemente y durmiendo en el suelo, padeciendo el terror de la noche y sus sombras y teniendo que convertirse a fuerza de necesidad en seres sin sombra.

En una entrevista con un periodista de El Faro, de El Salvador comentaron que su única defensa ante posibles ataques son un adecena de morteros de media libra y un tubo con inyecciones de adrenalina, cuya dosis creen que produciría un paro cardíaco.

“Maya”, “Lucio”, “El Gato” y muchos más han tenido que hacerse con instrumentos similares para defenderse en casos de emergencia.

“El Gato” se levanta de su asiento y se acerca a la ventana, mueve suavemente las cortinas y da un vistazo a la calle. Afuera las cosas parecen estar en orden. Confiesa que en mayo, no recuerda la fecha exacta llegó un mensajero. Se bajó de una moto en uno de los portones de la UNAN y dijo que el “Viper” mandaba a decir que desalojaran a la universidad, que él iba a hacerse cargo y era el jefe a partir de ese momento. “El enmascarado se puso violento y sacó un arma y lo tuvimos que correr a punta de morterazos.”

El “Viper” fue sacado a morterazos

Unos días más tarde llegó el “Viper” acompañado por un buen grupo y entraron al recinto por el sector de los cuartos. En esa parte había sólo mujeres y rápidamente tomó control del área. “En cuanto supimos lo que pasaba llegamos al sitio y ante la violencia de él, (Viper) que llegaba a tomar el control del recinto porque según él era el líder, tuvimos que sacarlo a punta de morterazos, y alguien logró herirlo de bala en la pierna.”

En su escondite, “Héctor” llora amargamente al recordar todas las muertes espantosas que para su desgracia ha visto, las relata confusamente con gesto desesperado y finalmente se calma y va quedándose dormido convertido en uno de sus personajes. Siempre con la ropa y los zapatos puestos y la mochila de emergencia al alcance de la mano.

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