10 mayo, 2021

Crónica de la terrible masacre del 30 de mayo en Nicaragua

Carlos Morales Zapata

Las 4:33 pm del miércoles 30 de mayo. La protesta más grande de las últimas décadas es en apoyo a las madres de los asesinados por el gobierno en abril y mayo. Entre el gentío de la manifestación alguien gritó de pronto que estaban atacando las instalaciones de la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI. Decenas de motorizados y jóvenes a pie con las banderas azul y blanco en las manos corren en desorden con dirección al norte, o sea con rumbo a la UNI y otros al sector del estadio nuevo de béisbol. En medio de la histeria colectiva otros tantos, hombres, mujeres y niños huyen en dirección contraria y algunos se refugian en el centro comercial Metrocentro.

4:38 pm. La gente corre en dos direcciones. Los más jóvenes y apresurados se acercan rápidamente al sector de las universidades UNI-UCA; otros, más desesperados e histéricos chocan entre sí y algunos gritan de pánico sin saber por qué.

Los morteros suenan muy cerca y su eco retardado indica que la mayoría son al menos de media libra.

Los gritos de dolor y espanto comienzan a oírse y compiten con el ruido de la música que se escucha a los lejos. Los ruidos de las explosiones y las balas lejanas que claquetean a más de 600 metros, y las sirenas de las ambulancias acercándose, se mezclan entre sí ayudando a esparcir el sentimiento de caos que impera en el lugar.

Tres jóvenes flacos y ensangrentados abren paso entre la muchedumbre armada con piedras y que desesperados piden vía con las bocinas de sus motos. Llevan al primer herido esquivando a la gente a toda velocidad y hasta saltando cunetas y piedras en medio de la ruta de escape.

Gritos y conmoción

La población,  al verlos circular con el herido vuelve a gritar conmocionada. En los rostros de la mayoría se nota el miedo apagado de golpe y se ve arder la furia en sus ojos y respiración. Hasta este momento los que están en el campo de batalla improvisado no superan los 30 años de edad y hay hombres y mujeres por igual.

La estridente sirena de la ambulancia se pierde a lo lejos con el herido en su interior. Desgraciadamente era un joven que terminó con el pecho abierto en dos. Horas más tarde supe que fue el primero en fallecer y tal vez el cuarto o quinto en ser herido.

Entre el terror y la tensa calma

Han pasado algunos minutos y el fuego se recrudece exactamente en la línea divisoria entre la UNI y el estadio nuevo. Algunos que corren desesperados provenientes de esa zona gritan que hay varios francotiradores apostados en el tercer piso de la nueva construcción. Los disparos lejanos no desmienten ni confirman el rumor.

Sigo corriendo únicamente armado con mi cámara fotográfica. En todo lo largo y ancho de la calle contabilizo al menos unas 400 personas que corren en desorden en varias direcciones a la vez. Unos observan pasivos como si nada pasara y otros están desesperados caminando en círculos mientras hablan por teléfono con exaltación y no se deciden a actuar.

La calma relativa prevalece unos 10 minutos. Hay una aglomeración de personas justo entre el estadio y la universidad y la gente se queda al descubierto, a mitad de la calle; sin cubrirse ni atacar.

Mujeres a la cabeza

En las cercanías del portón principal de la Universidad Nacional de Ingeniería se están levantando dos barricadas con unos 100 metros de distancia entre ambas. Algunos corren a ayudar a levantarlas mientras otros huyen del sitio como si nada. Al menos la mitad de personas que ayudaban eran jovencitas delgadas con mirada decidida. Curiosamente varias de ellas tomaron liderazgo y daban órdenes que inmediatamente eran obedecidas sin cuestionamiento alguno. Ser líder en un momento así es casi imposible porque la muchedumbre normalmente no hace caso.

Han pasado unos 10 minutos y las motocicletas con los heridos pasan de dos en dos pidiendo vía con desesperación mortal. La gente se aparta de inmediato y los deja pasar. El joven flaco con la camisa a rayas y ensangrentada vuelve a pasar manejando la moto. Durante un brevísimo instante atino a verle los ojos y lo único descifrable en ellos es algo parecido a la mezcla entre miedo y rabia.

Levantan barricadas en el fragor

Las barricadas siguen tomando forma. La primera, en la que ayudo, se construye lentamente. Es la que está más próxima a la primera línea de fuego y muchos han huido con miedo dejando los adoquines tirados por el suelo. Varios ayudan a pasar las piedras pero sólo hay dos personas que están tratando de arrancarlos del suelo y eso hace lenta la tarea. Justo ahora la primera barricada apenas supera el metro de altura y tiene tres líneas de adoquines. Al fondo de la calle la segunda ya superó los dos metros de altura y tiene cinco líneas.

El joven flaco salvavidas

El joven flaco y con camisa ensangrentada pide vía desde lo lejos una vez más. Ahora maneja más desesperado y salta la cuneta a toda velocidad. La gente grita de rabia y en un unánime “Uhhh” de dolor e impotencia todos ven pasar al herido que sostenido por un tercero en la moto, tiene la cabeza exprimida como una mandarina aplastada y la masa encefálica prácticamente le cuelga por la sien derecha.

Justo en ese momento supe que de cualquier modo ese joven ya estaba muerto. Ese cuadro macabro alentó a toda la gente a seguir luchando. Los que estaban agachados protegiéndose de las balas y a quienes de vez en cuando silbaban sobre las cabezas y entres los adoquines, se levantaron rápidamente y agilizaron la construcción de la barricada.

Quienes estaban de pie, piedras o morteros en mano corrieron en dirección al fuego gritando “¡Nicaragua será libre!” a todo pulmón. Otros hablaban por teléfono calladitos, casi queriendo bajarle el volumen al ambiente, diciendo “No mama, yo estoy bien. No estoy loco para andar con esos de las protestas. Estoy viendo las noticias en la casa.” El joven al que vi y oí decir eso justo después de colgar cogió un par de piedras del suelo, saltó la barricada y se perdió entre la multitud enardecida y sus gritos…

Jóvenes disparan a jóvenes

Al momento sonaron las balas con su claqueteo característico y cercano. Los guardas de seguridad de un terreno de la Universidad Centroamericana, UCA ubicado frente a la UNI que habían estado dándole agua a los jóvenes avisaron de pronto que gente de las turbas de la progubernamental Juventud Sandinista, JS, habían entrado a los terrenos y ahora nos estaban disparando desde el flanco izquierdo. Se oyeron las ráfagas cercanas de al menos 15 tiros cada uno y varias balas sonaban en el enverjado, a unos 3 metros de la primera barricada.

Hubo bombas y detonaciones más fuertes y cercanas. La poca gente que quedaba en las cercanías del estadio corrió hacia el sector de la UCA. Las piedras no eran suficiente defensa para enemigos invisibles que disparaban balas de alto calibre desde los arbustos y las sombras lejanas.

En la histeria colectiva muchos jóvenes malgastaron sus morteros lanzándolos al aire en medio de la gente. Algunos gritaban que por seguridad no lo hicieran y otros se quedaron tiesos en sus sitios. Tal es el caso de un joven paramédico que quedó sólo delante de la primera barricada y al escuchar la ráfaga que rebotó en el enverjado a la par suya se quedó petrificado y no supo qué hacer hasta que alguien más que pasó a la par suya lo jaló y casi lo arrastró por el suelo para poder salvarlo.

Morteros y piedras contra balas

5:35 pm. Se desató el desorden total y la gente se repliega en dirección sur, con rumbo a la UCA. Han pasado dos veces más las motos con heridos graves que casi cuelgan de un lado dejando un rastro de sangre sobre el adoquinado. El portón de la Universidad Nacional de Ingeniería que había sido abierto de pronto es cerrado por seguridad. Hay gente dentro y muchas más están afuera.

Al frente hay algunos callejones cerrados con barricadas. Los jóvenes se arrastran por el suelo lanzando piedras y oteando con porte de guerrillero en busca de enemigos. Las rocas vuelan y vuelan por los aires sin lograr alcanzar a su objetivo. Los morteros retumban en las alturas y se estrellan contra los árboles y el piso y los atacantes parecen seguir siendo invisibles. La gente que había permanecido delante de la primera barricada corre agachada buscando un mejor refugio. La calle es demasiado descubierta y es el blanco perfecto para que las turbas y los francotiradores ataquen desde el aire.

Acechan francotiradores del gobierno

Alguien dispara desde unos árboles de mango situados detrás de la Academia Nicaragüense de la Danza y sus alrededores. Un señor campesino que observa desde el sitio señala entre el follaje al supuesto tirador pero nadie más logra verlo. Con una tiradora y chibolas intenta acertarle. Al instante una ráfaga de balas responde sobre nuestras cabezas y se estrella en el enverjado principal de la UNI. Por suerte no logró acertarle a nadie en ese momento.

Más tarde supe que el arma que disparó esas últimas balas es una semiautomática de alto calibre llamada Dragunov.

La muerte estaba cerca una vez más

La primera barricada está abandonada y quedó a medias. Detrás de la segunda hay algunas personas protegiéndose casi a nivel del suelo.

Los jóvenes disparan sus morteros a los árboles que escupen balas pero nadie logra herir a los atacantes. Tal pareciera que se desmaterializan a voluntad.

Casi a media calle un fotógrafo extranjero con cabello rubio colgándole sobre la frente tiene poco sentido de la prudencia o es muy valiente, pues no muestra interés por resguardarse y no escucha a quienes se lo piden a gritos. Debió sacar fotografías muy buenas.

El kamikaze de la motocicleta

Las balas, gritos y estruendos siguen retumbando en el lugar y tampoco volví a ver al fotoperiodista que se perdió en medio de balas y gente.

Justo ahora he comprobado que en los predios traseros de la oficialista Radio Ya hay rutas de escape secretas que se mezclan entre veredas montosas y le permiten a las turbas de la Juventud Sandinista, JS y a la Policía, entrar y salir a voluntad del sitio para atacar mejor. Es la tercera vez que utilizan la estrategia.

Minutos más tarde uno de los jóvenes que llevaba heridos en su motocicleta aparece aceleradísimo proveniente del sector del estadio. Grita súper histérico que le den los morteros si no van a defender a la patria y a los hermanos caídos. Que no están haciendo nada con ellos y más bien son una vergüenza por su cobardía e ineptitud. Señala casi como un loco la bandera que lleva al cuello y está teñida con sangre de los hermanos que sacó con la cabeza abierta en dos partes. Toda la gente lo ve apacible sin alcanzar a hacer o decir nada. Le arrebata a alguien su lanzamorteros y acelera la moto a fondo hasta volver a perderse entre el humo y las piedras en dirección al estadio.

Los centauros

Una pareja de jóvenes homosexuales pasa de la mano entre el gentío por supuesto son abucheados y ofendidos por muchos. Alguien con el rostro oculto les gritó “Va la verga maricas hijue…” y así sucesivamente. En cuestión de segundos los jóvenes por poco son linchados por la gente intolerante que simplemente los vio caminar de la mano. Suena una explosión más fuerte que las anteriores y todo el mundo se dispersa en varias direcciones, principalmente al interior de la UCA.

Y la pareja de jóvenes, en cambio, se agachó para proteger la cabeza y al instante corrieron juntos en dirección a los callejones antes referidos. Saltaron sin dificultad dos barricadas continuas en la bocacalle y no se les vio durante unos minutos. Hubo gritos y más disparos sonando en todas partes y entonces los jóvenes corrieron como centauros con una ristra completa de alambres de púas y serpentina arrastrándose por el suelo.

El primero se quedó en las barricadas de la bocacalle del callejón enredando los metales entre ramas y piedras, y el segundo se deslizó por la calle como beisbolista y a su modo colocó la segunda tanda de alambres que complementaron la trinchera. Volvió con su compañero corriendo con la cabeza gacha y siguieron de la mano mientras oscurecía y los metales enredados cumplían perfectamente su función.

El dron del desmayo

Finalmente aparecen más heridos desde todas las direcciones. Adentro de la UCA hay un puesto médico improvisado donde los jóvenes paramédicos están más alterados que los pacientes. La histeria aumenta cuando en venganza por los asesinados aparecen las lenguas de fuego en los escombros de lo que fue la Radio Ya, y la gente al instante grita que pronto aparecerá la policía para soltar más balas. Un dron supuestamente del gobierno sobrevuela la zona rápidamente y las señoras que estaban desmayadas de miedo y angustia se despiertan de pronto para volver a desmayarse de los nervios al ver la nave no tripulada.

Ha oscurecido casi totalmente y se intenta hacer otra barricada justo delante de un portón de la UCA. Las tres personas que intentaban hacerla desisten al instante, pues un grupo de serenos mirones que están a dos metros no contestan nada cuando se les pide ayuda y tranquilamente continúan fumando. Al momento huyen en desbandada justo cuando unas siluetas en línea recta disparan en esa dirección.

Uno de los dirigentes campesinos camina desorientado y perdido en los predios de la universidad. Parece estar mareado y golpeado, pues apenas logra mantenerse en pie y es custodiado por varios universitarios que se pierden con él en las sombras.

Escenas de dolor y sangre en la UCA

Por el portón principal cruzan a un joven herido de gravedad que 10 minutos antes intentaba organizar y calmar a la gente refugiada. Tiene una herida de bala en el pecho que fue lanzada en un ángulo casi diagonal. Es decir, desde las alturas. El pelo desordenado le cubre la mitad del rostro y deja entrevere los ojos semiabiertos y totalmente desorbitados. Las pupilas se dilatan y contraen de forma anormal y los amigos que lo llevan en brazos le gritan que por favor no se duerma.

Siguieron las balas y el olor a gas lacrimógeno que llevaba el viento invadió la entrada oeste de la universidad. Gran parte de los cienes de personas que se habían refugiado huyeron del sitio sin pensarla dos veces. Un grupo de gente intentamos evacuar por el portón del lado opuesto y desistimos luego de múltiples intentos fallidos, pues varios vehículos sospechosos rondaban la zona una y otra vez preguntando por varias personas al azar. Sin duda alguna era una estrategia para raptar gente.

Noche de terror

Cayó la medianoche y varias personas seguían refugiadas entre las penumbras de la universidad. Muchos consiguieron protección en casas cercanas y otros cambiaron hasta tres veces de refugio durante la madrugada, pues de pronto se oían voces cercanas gritando en busca de protestantes y era necesario salir al instante.

Seguramente poca gente entiende el miedo de huir a plena madrugada analizando cada sombra por el espejo retrovisor de un vehículo, creyendo que cada carro está siguiéndole, teniendo que rodear toda una calle para evitar a la muerte uniformada, llegar a un sitio teóricamente seguro y tener que huir dos horas más tarde porque una moto sospechosa ha pasado seis veces seguidas por el portón principal del refugio y el piloto se detiene a analizar las luces del interior. El alba asomaba y un nuevo día de incertidumbre, por llegar.

 

11 comentario en “Crónica de la terrible masacre del 30 de mayo en Nicaragua

    1. Asdí es, comparto su opinión, y más que divertido es un alto compromiso con la sociedad, Nuevas Miradas se apunta por escribir poco pero bien, con seriedad y ética periodística.

      Gracias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!